La pareja tóxica

02.03.2020

A veces resulta complicado establecer qué es lo que está bien o está mal en una relación amorosa. ¿Cuáles son las características que indican salud o, por el contrario, toxicidad de pareja?

Hemos sido educados en el modelo de amor romántico, es decir, una concepción en la que el amor es idealizado, donde no hay equivalencia con referentes reales, pues parte de premisas inalcanzables, creando entonces frustración vital. El amor romántico se sustenta bajo una serie de mitos: alimenta la idea de que somos seres incompletos (la media naranja) en búsqueda de encontrar a otra persona que nos complete y logre dar sentido a nuestra vida, es desigualitario en cuanto a los roles sexuales, conlleva la idea de pertenencia justificando los celos, implica el soportar la infelicidad emocional de los miembros en su promesa de eternidad compartida. Los dos individuos desaparecen para convertirse en uno, dejando en demasiados casos intereses y espacios personales abandonados, convirtiéndose en un vínculo dependiente sostenido en la necesidad y en la costumbre.

Esta concepción del amor, en muchas ocasiones puede dar lugar a la normalización de ciertas actitudes inaceptables dentro del ámbito de pareja. Por tanto, se hace difícil identificar las conductas que conforman el abuso psicológico, ya que a veces son señales sutiles y no aparecen de manera inicial, van gestándose con el tiempo y existe una tendencia nociva a no establecer límites y perdonar sistemáticamente. Este hecho sitúa a uno de los miembros en una situación de vulnerabilidad psicológica y emocional que incapacita para tomar determinadas decisiones. Se sufre una distorsión cognitiva, es decir, no se percibe lo que está ocurriendo en realidad: la manipulación emocional.

La persona tóxica utiliza la manipulación emocional a través de distintas estrategias: la coerción, el chantaje emocional, el control, la infravaloración, el victimismo. Siempre se da tras una personalidad con multitud de inseguridades, aunque en apariencia pueda mostrar todo lo contrario.

Hay que tener claro que salir de este tipo de relación es posible. Hay que reflexionar tratando de no autoengañarse y tomar conciencia de lo que ocurre, del daño psicológico y emocional que esa situación de pareja nos produce. Nunca hay que vivir con miedo, no hay que normalizar o naturalizar este sentimiento en una relación. Dialoga con tu pareja sobre lo que sientes y, si esta situación no cambia, finaliza la relación. No hay que esperar a que algo cambie por sí solo con el tiempo, porque eso no ocurre nunca.

Cualquier conducta coercitiva daría lugar a contemplar la toxicidad dentro del ámbito de pareja. Existen señales que pueden ayudarte a detectarla:

  • La manera que tiene de dirigirse a ti es imperativa y autoritaria.
  • Trato sobreprotector hacia tu persona.
  • Molestia en el tiempo compartido con amigos o familiares, considerando la viabilidad o no de tus relaciones personales. Uso de la prohibición.
  • Desconfianza permanente hacia ti: sientes la necesidad de justificar las acciones de tu vida y contar con su aprobación.
  • Control económico: cuentas bancarias, gastos personales, facturas, etc.
  • Control sobre el teléfono móvil, redes sociales, e-mails, etc., no respetando tu privacidad.
  • Distinción desigual en la realización de favores, entendiendo que en su caso es un derecho y en tu caso una obligación.
  • Menosprecio transmitiendo que sin él/ella no serías nadie ni podrías seguir adelante.
  • En reuniones con gente evitas emitir tu opinión por miedo a que te infravalore. Siempre justificas su inadecuado comportamiento.
  • Queja y victimización permanente no enfocándose hacia el cambio de lo que no le agrada.
  • Control continuo de tus horarios e intentos de modificar y planificar tu vida.
  • Uso del chantaje emocional y la culpa para conseguir sus objetivos, si no, se produce conflicto.
  • Sus necesidades personales siempre son más importantes que las tuyas, relegadas a un segundo plano.
  • Temor a comentar ciertas cosas por su posible reacción desproporcionada.
  • Sentir que no puedes ser quien eres cuando estás con tu pareja.
  • Control sobre tu manera de vestir, intentando influir para que cambies tu estilo personal.
  • Resta importancia a tus méritos y capacidades.
  • Minimiza tus problemas: 'eso no es nada', 'no es para tanto', 'menuda tontería', 'te quejas de vicio'...
  • Uso del silencio temporal como castigo tras una discusión.
  • Alusión constante a equivocaciones que cometiste en el pasado.
  • Toma decisiones importantes a nivel de pareja sin contar con tu opinión, ejerciendo su voluntad de manera unilateral.
  • Mantener relaciones sexuales con él/ella a pesar de no tener apetencia, únicamente para complacerle o evitar un conflicto. En este punto, también se produce la comparativa con otras parejas sexuales del pasado.

Laura Rico Marcos, psicóloga y sexóloga

Psicología Ortofón - Psicólogos en Valencia